¿Odias los lunes? Por qué necesitas leer «El descontento» de Beatriz Serrano

Ya sé que la frase está más que manida y no soy nada original. Cierto, lo asumo. Pero es lunes (otro topicazo) y no estoy para mucho más.

Es que me ha venido a la mente una imagen de no hace mucho en la oficina y de cómo somos muchos los que vamos cada día al trabajo pensando que es una tortura, pero que justificamos ese sufrimiento diario aduciendo mil razones para verlo como algo inevitable. Como un yugo que hay que asumir.

Cada uno busca sus propias razones. Que si a estas alturas dónde voy a conseguir un trabajo tal y como está el paro, que sólo hay explotadores que sólo quieren a gente de menos de 30 con veinte mil master, tropecientos idiomas y con un extra de silicona y buena piel… mientras que tú ya estás más para disfrutar la vida cuando hay vacaciones o los viernes por la tarde.

Y sí, claro que da bajona y es bastante deprimente el panorama. También sé que estoy en lo cierto en cuanto a obtener un trabajo decente, no solo ya con mi edad. Con ninguna. Al menos, en este país.

Pero bueno, a lo que iba…

La pasividad ante la «Jaula de Oro»

Que al margen de tener razón también debemos asumir que la mayoría de la gente tenemos una actitud de laxitud o pasividad en cuanto a esto de buscar alternativas en el plano laboral. Al menos buscar otras opciones o barajar la posibilidad de un cambio no debería ser tan descabellado.

En el fondo, pasamos muchas horas en un lugar y haciendo cosas que no nos gustan o no nos proporcionan la suficiente satisfacción personal como para temer el volver al trabajo al día siguiente. Nos lo tomamos como algo que hay que asumir.

Jefes, colmenas y la «Bestia» moderna

Pero no somos gladiadores de la antigua Roma a los que no les quedaba otra que luchar contra otro pobre esclavo o cualquier otra bestia.

Ahora la bestia está reflejada en un jefe retrasado que no es capaz de ver más allá de su puto culo o en un sistema de colmena cuya principal función es darle al teclado del ordenador hasta el próximo escaqueo en la máquina del café para poder estirar las piernas y hacer un poco de vida social, aunque sea con un compañero que no tragas.

Quizá lo que deberíamos hacer los que nos quejamos tanto del día a día en el trabajo es buscar o imaginar cosas que nos podrían hacer crecer y, de paso, ganar un dinero, aunque sea menos del que ganamos ahora pero ser más felices.

Una lectura para despertar: «El descontento»

En vez de buscar evasiones fáciles y directas como meterse en Instagram o cualquier otra red social, deberíamos darle al coco o navegar por sitios que nos reconduzcan hacia ese lugar que, en el fondo, tenemos miedo de buscar o investigar.

Y lo digo por mí, que soy la principal cobarde o cómoda del mundo. Pero también pienso que no soy la única. Es más, creo que hasta se ha normalizado y se ve como algo natural.

Precisamente me he acordado de un libro que leí hace poco y que trata de una manera muy irónica, divertida e inteligente este tema del sufrimiento laboral: la novela «El descontento» de Beatriz Serrano.

No había leído nada de ella, pero al verme tan identificada y conectar tanto con la historia, seguiré su pista.

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Hasta mañana o quizá antes… ¡Quién sabe!