El jefe del mundo. La novela gráfica de René Merino que te hará pensar (y reír)

Palabras que traen imágenes (y no siempre buenas)

A todos nos viene una imagen muy clara con según qué determinadas palabras. Son imágenes que se han perpetuado a lo largo de la historia y que, por muchas razones (dichos populares, refranes, influencia del cine o novelas), todos asociamos enseguida a una idea concreta. Generalmente de carácter negativo.

Ya sea la palabra «suegra» o «jefe», la mente dispara. Y, siendo honestos, la verdad es que en muchas ocasiones que se acierta con esa mala fama. No voy a hablar ahora de la palabra «suegra» por no arriesgarme a dormir en el salón (¡es broma!).

El mito del «Jefe Ideal» vs. Mi Realidad

De lo que si conozco algo es del término «jefe». Seguramente mucha gente habrá tenido jefes encantadores: comprensivos, que organizan el trabajo para que tú puedas aprender, disfrutar y sentirte útil. Personas que, al margen del dinero, te hacen ir encantada a trabajar porque te guían, te respaldan y te hacen entender de manera fácil aquello que se te resiste.

Te regalan miradas cómplices cuando presentas un proyecto importante y, si hay algo malo, te lo comunican sin desmotivar. Ese sería un verdadero jefe. Un líder al que quieres imitar.

Salvo que seas tu propio jefe, claro. Pero ese es otro tema que quizá daría para otro tipo de post.

Sin embargo, en mi caso particular, esa definición idílica ha sido más bien lo contrario. He tenido varios jefes a lo largo de mi vida laboral y, en la mayoría de las ocasiones, han dejado bastante que desear. Algunos han sido nefastos y otros, simplemente, ausentes: aparecían con prisas, sin curiosidad por el trabajo y dejando un vacío que nos obligaba a tirar de diplomacia o sacar el hacha de guerra según el problema.

René Merino y la sombra de Quino

Pero no me quiero desviar del tema, porque lo que quiero es recomendar encarecidamente este formidable libro ilustrado de René Merino.

En primer lugar me llamaron la atención sus ilustraciones en blanco y negro. Para que te hagas una idea rápidamente, a mi me recordó a los dibujos de los libros de Quino. Obviamente por lo bien dibujadas que están pero sobre todo porque unidas a la crítica social como en este caso sube a un nivel mayor.

En «El jefe del mundo» vemos la vida de un sujeto en su día a día, con sus rutinas laborales y personales. Vemos cómo va cayendo en una inercia que a todos nos suena bastante. Eso hace que empaticemos inmediatamente con el protagonista y, al mismo tiempo, nos demos cuenta de cómo es nuestra propia vida y de que, quizás, está en nuestras manos cambiar un poco el final que nos espera.

Todo ello con una buena dosis de humor, sencillez, inteligencia y una maestría propia de los grandes autores.

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Esta novela gráfica es un espejo en el que mirarse con una sonrisa, ideal para regalar (o regalarse) si te gusta el humor inteligente.

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